EL TOYOTA QUE NUNCA
PUDO SER
Y no fue el único. Corría el año 1985, cuando
la FIA se planteó reglamentar una nueva categoría dentro de los rallyes, que
frenara la escalada de potencia de los grupo B. Esta categoría iba a
denominarse grupo S. El grupo S nació con la referencia del grupo B y las
marcas empezaron a trabajar en vehículos que superaban los límites de los ya
salvajes grupo B. A diferencia de los primeros que precisaban de 200 unidades
para su homologación, los grupo S se podrían homologar fabricando solamente 10
unidades y se permitiría todo lo que hacía demenciales a los grupo B, léase:
chasis tubulares, motores centrales, turbo, tracción integral, carrocerías de
fibra… La diferencia con los primeros es que se planteaba una limitación de
potencia a 300CV, que a la postre heredó el grupo A. La muerte de Herni
Toivonen y Sergio Cresto en Córcega, el accidente del Rallye de Portugal y el
descontrol generalizado en cuanto a potencia de los vehículos, que en algunos
casos rozaban los 600CV, supuso el final de los grupo B y el aborto de los grupo
S, al finalizar la temporada 86.
